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Cómo juzgar el carácter con más precisión

La ética de la virtud se centra en el desarrollo de un carácter moral sólido más que en las normas morales. En esta teoría, se cree que tener un carácter virtuoso lleva a tomar decisiones virtuosas.

¿Qué es la ética de la virtud?

Tanto las teorías éticas teleológicas como las deontológicas se denominan teorías deónticas o basadas en la acción. Esto se debe a que se centran por completo en las acciones que realiza una persona. Esas teorías se centran en la pregunta: “¿Qué acción debo elegir?”. La ética de la virtud, por el contrario, adopta una perspectiva muy diferente.

Las teorías éticas basadas en la virtud ponen menos énfasis en las reglas que la gente debe seguir y se centran en ayudar a las personas a desarrollar buenos rasgos de carácter, como la bondad y la generosidad. Estos rasgos de carácter, a su vez, permitirán a una persona tomar las decisiones correctas más adelante en la vida.

Los teóricos de la virtud también hacen hincapié en la necesidad de que la gente aprenda a romper con los malos hábitos de carácter, como la avaricia o la ira. Éstos se denominan vicios y se interponen en el camino para convertirse en una buena persona.

Orígenes de la ética de la virtud

La ética de la virtud no ha sido un tema muy estudiado recientemente. Sin embargo, se remonta a los antiguos pensadores griegos y es, por tanto, el tipo de teoría ética más antiguo de la filosofía occidental.

Platón habló de cuatro virtudes clave: sabiduría, valor, templanza y justicia. La primera descripción sistemática de la ética de las virtudes fue escrita por Aristóteles en su famosa obra “Ética Nichomacheana”.

Según Aristóteles, cuando las personas adquieren buenos hábitos de carácter, son más capaces de regular sus emociones y su razón. Esto, a su vez, nos ayuda a tomar decisiones moralmente correctas cuando nos enfrentamos a elecciones difíciles.

El valor de la ética de la virtud

La ética de la virtud hace hincapié en el papel central que desempeñan los motivos en las cuestiones morales. Ésta es una de las razones por las que pueden ser populares y por las que suponen una importante contribución a nuestra comprensión de la moralidad.

Actuar desde la virtud es actuar desde alguna motivación particular. Decir que ciertas virtudes son necesarias para tomar decisiones morales correctas es decir que las decisiones morales correctas requieren motivos correctos.

Ni las teorías morales teleológicas ni las deontológicas exigen que los motivos desempeñen un papel en nuestra evaluación de las decisiones morales. Sin embargo, el fomento de motivaciones correctas suele ser un componente clave de la educación moral de los jóvenes. Se nos enseña que debemos desear ciertos resultados y que debemos querer alcanzar ciertos objetivos con nuestras acciones. Esto va más allá de simplemente obedecer las normas o buscar un resultado óptimo.

Otras teorías morales comparten una dificultad común que no se encuentra en la ética de la virtud. Se trata del cálculo moral de qué acciones emprender o qué deberes morales enfatizar. En esta cuestión, la ética de la virtud puede resultar atractiva. Las teorías de la virtud prometen que una vez que hayamos conseguido crear el tipo de persona que queremos ser, llegar a las decisiones morales correctas será algo natural.

Las preguntas clave que plantean los sistemas éticos basados en la virtud son

  • ¿Qué tipo de persona quiero ser?
  • ¿Qué virtudes caracterizan a la persona que quiero ser?
  • ¿Qué acciones cultivarán las virtudes que quiero poseer?
  • ¿Qué acciones serán características del tipo de persona que quiero ser?

El carácter “correcto” no siempre es fácil

La realidad de la ética de la virtud no es tan clara y sencilla como algunos podrían imaginar. Muchas decisiones morales comunes pueden resultar más fáciles para una persona de carácter moral “correcto”. Sin embargo, lo cierto es que muchos dilemas morales exigen razonar y pensar detenidamente.

No basta con tener el carácter adecuado para que la decisión correcta sea probable, y mucho menos segura. El hecho de que los sistemas éticos basados en reglas y deberes sean complicados y difíciles de emplear tampoco puede hacer que una persona de buen carácter tenga más probabilidades de tomar las decisiones correctas.

¿Qué es lo “correcto”?

Otro problema de los sistemas éticos basados en la virtud es la cuestión de cuál es el tipo de carácter “correcto”. Muchos, si no la mayoría, de los teóricos de la virtud han tratado la respuesta a esta pregunta como evidente, pero no lo es. La virtud de una persona puede ser el vicio de otra, y un vicio en unas circunstancias puede ser una virtud en otras.

Algunos defensores de la ética de las virtudes sugieren que determinemos cuáles son las virtudes correctas preguntando a una persona virtuosa, pero eso no es más que un ejercicio de formulación de preguntas. Otros sugieren preguntar a una persona feliz, pero eso supone que la felicidad y la virtud siempre coinciden. No se trata en absoluto de una verdad evidente.

Desarrollar la psicología moral

Quizá la clave para entender las teorías éticas de la virtud sea considerarlas como formas de abordar la psicología moral más que la epistemología moral o el conocimiento. Esto significa que las teorías de la virtud no deben contrastarse con teorías sobre cómo tomar decisiones morales, como la teoría teleológica de John Stuart Mill o la teoría deontológica de Immanuel Kant.

Por el contrario, las teorías de la virtud de la ética deben tratarse como formas de entender cómo nos convertimos en criaturas morales. Además, cómo desarrollamos los medios por los que tomamos decisiones morales y el proceso por el que se desarrollan las actitudes morales.

Y lo que es más importante, las teorías de la virtud pueden enseñarnos cómo debe enseñarse la propia moral. Esto es especialmente cierto en los primeros años, cuando los procesos de toma de decisiones más complicados aún no son posibles.

Guía de Año Nuevo para emprendedores

Conocer gente nueva es una de las mejores cosas de la vida. Cada pareja, amigo, jefe, compañero de trabajo, vecino o conocido fue una vez un extraño. Y cuando conociste a ese desconocido, no tenías ni idea de que llegarías a formar la relación de la que disfrutas actualmente, ¿o sí?

Es imposible aprender todo lo que necesitas saber sobre alguien la primera vez que os veis, a menos que tengas algún tipo de intuición telepática. Pero hay algunas preguntas que te darán una imagen más profunda y precisa de alguien que otras.

Sin duda, preguntas sencillas como “¿Eres nuevo aquí?” en un acto de networking o “¿Por qué dejaste tu último trabajo?” en una entrevista de trabajo te darán la información necesaria. Pero no son suficientes; no le dicen nada sobre la personalidad de la persona con la que está hablando.

En cambio, las cinco preguntas siguientes sí lo hacen. Están diseñadas no sólo para proporcionarle información más directa sobre el desconocido o conocido con el que está hablando, sino también para sugerirle ideas profundas sobre la personalidad de estas personas en su conjunto:

1. 1. ¿Cómo se describiría a sí mismo?

A primera vista, esta pregunta puede parecer una trampa. El objetivo es conseguir que una persona revele su personalidad a través de medios secundarios, así que ¿hacer esta pregunta no es una especie de atajo?

Bueno, sí y no: se trata de la frase ambigua “¿Cómo te describirías a ti mismo?” en lugar de “¿Cómo es tu personalidad?” o “¿Qué piensa la mayoría de la gente de ti?”. Fíjate en que no hay ninguna pista. No le estás pidiendo a una persona que se describa a sí misma física, profesional, emocionalmente o de cualquier otra forma específica.

En su lugar, presta atención a los atributos que tu entrevistado elige para revelar primero, y a lo extremas que parecen ser sus elecciones de palabras. Las personas tímidas o mansas tienden a elegir palabras más humildes como “observador” o “recreativo”, mientras que las personas exuberantes o extrovertidas eligen palabras más poderosas como “inteligente” o “atlético.”

2. ¿Cuál es tu mayor logro?

Esta pregunta le da una información fundamental sobre el pasado de una persona, pero también le dice dos cosas sutiles sobre su personalidad. De nuevo, la pregunta es ambigua, así que ¿responde con un logro profesional o personal?

Además, ¿cuánto tiempo hace de ese logro? ¿Cómo actúa al mencionarlo? A continuación, ¿cuánto tiempo tardó en pensar en ello? Si este “logro” aparece después de una larga vacilación, podría ser señal de muchos o pocos logros pasados. Tendrás que indagar más para averiguarlo.

3. ¿Has leído algún buen libro últimamente?

Las respuestas varían mucho. En primer lugar, ten en cuenta la diferencia entre lectores y no lectores. Entre los que no leen, lo más frecuente es que duden mucho antes de elegir un libro, o que recurran a un texto clásico del instituto o la universidad.

Entre los lectores reales, encontrarás consumidores de novelas populares, lectores de negocios y autoayuda, aficionados a la literatura, adeptos a la ciencia pop y varios tipos más.

4. ¿Cuál es el trabajo de tus sueños?

Cuanto más ambigua sea la pregunta, mejor. La pregunta no es: “¿Qué quieres en tu próximo trabajo?” o “¿Dónde te ves dentro de cinco años?”, sino: “¿Cuál es el trabajo de tus sueños?”. Un adulador en una entrevista de trabajo puede limitarse a describir el puesto que solicita. Otros pueden destacar actividades creativas. Y otros describirán trabajos que no existen (o son extremadamente raros), como “catador de cerveza” o “mimoso de cachorros”.

Sea cual sea la respuesta, te dirá si alguien ha pensado mucho en esto o si nunca se lo ha planteado.

5. ¿Quién es tu héroe personal?

Con esta pregunta se obtiene información un poco más específica y perspicaz por una vía obvia. Pero me ha parecido una pregunta significativa. Encontrarás personas que describen a un miembro de su familia o a alguien a quien conocieron en vida; personas que admiran a un atleta o a una celebridad de la cultura pop; y personas que admiran a emprendedores o empresarios de éxito.

Quizá puedas discernir algo sobre la inteligencia o la edad de la persona con la que hablas, pero lo más importante es que conocerás sus valores. ¿Qué es lo que

Esos volúmenes de información son indispensables para cualquier interacción social, ya sea una entrevista de trabajo, una reunión de ventas o una interacción casual. Así que sal ahí fuera y conoce bien a la gente. Si lo haces, tendrás muchas más oportunidades en la vida.

Cuando conozco a alguien por primera vez, dispongo de unos cinco segundos para evaluarlo y formarme una primera impresión. Esa primera impresión, correcta o incorrecta, es difícil de revertir o deshacer. Todo el futuro de la relación suele formarse desde el principio.

En realidad, no lo hago a propósito. De hecho, está en la naturaleza humana juzgar a las personas la primera vez que las conocemos. Lo hacemos, nos demos cuenta o no. Por eso las primeras impresiones son tan importantes en todos los aspectos de la vida, desde el profesional hasta el personal.

He aquí seis formas en que juzgamos a las personas cuando las conocemos por primera vez y algunos consejos para causar una buena primera impresión:

1. Apariencia

Por supuesto, lo primero en lo que nos fijamos de alguien es en su aspecto. Es el rasgo más rápido que podemos evaluar. Si dos personas están una al lado de la otra y una lleva un traje de negocios mientras que la otra lleva una camiseta manchada y raída, nuestras primeras impresiones van a ser muy diferentes. Incluso si esas dos personas son de orígenes y posición social similares, podríamos suponer automáticamente que una es rica y la otra pobre.

He aquí algunos consejos para causar una buena impresión con tu aspecto:

Ten siempre en cuenta tu atuendo. ¿Cuál es la vestimenta adecuada para la ocasión? ¿Vas a una reunión de negocios o a una barbacoa? Vístase siempre para la ocasión. Puedes causar una impresión equivocada si te vistes demasiado o demasiado poco.

    2. Sonría

Lo más probable es que me forme una opinión sobre alguien basándome en si sonríe o no. Sonreír es un signo universal de simpatía, y llevar una sonrisa te hace inmediatamente más accesible. Piense en ello. Si necesitas hacer una pregunta a alguien o buscas a alguien con quien hablar, ¿te acercarías a una persona que sonríe o a una que frunce el ceño?

Una sonrisa cálida y acogedora llega muy lejos. Es una forma rápida y sencilla de hacer saber a la gente que eres simpático. Las sonrisas dan la bienvenida. Generan confianza antes de pronunciar una palabra. Cuando conozcas a alguien por primera vez, salúdale con una sonrisa para evitar que te tachen de maleducado o desinteresado.

3. Apretón de manos

Un apretón de manos puede parecer algo extraño por lo que juzgar a alguien, pero ocurre todo el tiempo. Por ejemplo, si alguien me da un apretón de manos flojo o flojo, inmediatamente me hago la idea de que le falta confianza.

He aquí los componentes de un buen apretón de manos que dejará una gran primera impresión:

Utiliza la fuerza adecuada. Aunque hay que evitar los apretones de manos débiles y flojos, también hay que evitar fingir ser Hulk Hogan. Utiliza un apretón firme con tanta fuerza como la que emplearías para abrir el pomo de una puerta. Sea enérgico, pero sin pasarse.

  • Mantén el apretón entre tres y cuatro segundos. Más tiempo puede dar una impresión equivocada y provocar un primer encuentro incómodo.
  • Consiga una buena temperatura. Sudor
  • Cuando se trata de la primera impresión, es mucho más probable que te juzguen por tu comunicación no verbal que por tus palabras. El lenguaje corporal habla mucho más alto en esos primeros segundos cruciales. El lenguaje corporal puede transmitir confianza, inteligencia y personalidad. Cuando alguien está de pie con los brazos cruzados, transmite el mensaje de que es tímido, está enfadado o enfurruñado. Al hacerlo, se vuelve inmediatamente menos accesible y pierde credibilidad.

Sea consciente de su lenguaje corporal cuando conozca a alguien por primera vez. Conocer a alguien por primera vez puede ponerte nervioso, pero puedes hacer un esfuerzo consciente para controlar tus hábitos nerviosos. Mantente erguido, sonríe, establece contacto visual y evita cruzarte de brazos para asegurarte de que tu lenguaje corporal no envía un mensaje que preferirías no enviar.

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5. Puntualidad

¿Sabías que te pueden juzgar incluso antes de que llegues? Una de las formas más rápidas de causar una mala primera impresión es llegar tarde. Cuando te reúnes con alguien por primera vez, generalmente se espera que seas puntual. La puntualidad hace saber a la otra persona que la respeta y que respeta su tiempo.

Cuando quedes con alguien por primera vez, llega al menos unos minutos antes. Deja un margen de maniobra suficiente para tener en cuenta el tráfico o la posibilidad de perderte. No hay buenas excusas para llegar tarde a un primer encuentro.

6. Modales

Todos tenemos nuestras manías, pero lo cierto es que pueden juzgarte por ellas. Puede que no sea justo, pero la otra persona aún no te conoce. Si estás nervioso, eres negativo, hablas mal, fumas o tienes la costumbre de mirar el móvil cada dos por tres, darás una impresión que quizá no quieras dar.

Piensa en las personas que has conocido en el pasado y que te han dejado un mal sabor de boca de inmediato. ¿Qué ademanes tenían que te desanimaron? Piense ahora en sus propios gestos. Aunque a tus mejores amigos no les importen estas pequeñas manías, a algunas personas les pueden parecer poco atractivas cuando te conocen por primera vez. Compórtate lo mejor que puedas hasta que conozcas a alguien.

Está en la naturaleza humana juzgar a las personas cuando las conocemos por primera vez, y eso no siempre es malo. Hay muchísimas personas en el mundo y, si establecemos filtros, podremos descartar a aquellas en las que no deseamos invertir nuestro tiempo y a las que no aportarán ningún valor a nuestras vidas. De hecho, se han realizado estudios que demuestran que las primeras impresiones son bastante precisas a la hora de calibrar la verdadera personalidad y habilidades de una persona. Así que piense qué tipo de primera impresión quiere dejar en las personas que conoce. Esos primeros segundos son cruciales, ¡así que asegúrate de estar preparado para deslumbrarles!

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Sobre la autora

Melissa Ricker es ingeniera nuclear y escritora freelance profesional especializada en crecimiento profesional, escritura técnica y emprendimiento online. Escribe un blog, Engineered Motherhood, para madres trabajadoras que necesitan ayuda para equilibrar el crecimiento profesional y la gestión del tiempo.

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Muchos creen que los exámenes para medir la inteligencia deberían tener en cuenta otras aptitudes, como la creatividad. Foto cortesía de Shutterstock

El test de inteligencia es un examen con el que la mayoría de nosotros estamos familiarizados, independientemente de que lo hayamos realizado o no. El test fue diseñado originalmente por el psicólogo francés Alfred Binet a principios del siglo XX. Pero en el nuevo milenio, ¿sigue siendo el test de CI un medio eficaz para medir la inteligencia general? Según el consenso general, la respuesta es “no”.

Un test de CI mide la capacidad cognitiva de una persona en comparación con la población en general. El CI medio es de 100, cualquier valor por encima de 130 se considera excepcionalmente inteligente, mientras que una puntuación por debajo de 70 se clasifica como retraso en el desarrollo relacionado con la inteligencia.

La inteligencia se define como la capacidad cognitiva general para resolver problemas. Desde los tiempos de Binet, los psicólogos están de acuerdo en que la inteligencia es mucho más compleja que un solo número y que, de hecho, puede dividirse en muchas subcategorías. Aquí es donde el test de CI se queda corto. Un estudio canadiense publicado en línea en la revista Neuron concluye que el test de CI es “fundamentalmente defectuoso”, ya que sus preguntas “simplifican en exceso las capacidades del cerebro humano”. El informe identificaba tres indicios de la inteligencia humana: la memoria a corto plazo, la capacidad de razonamiento y la habilidad verbal. Ninguna de estas habilidades se mide con precisión en el test de CI tradicional. Entonces, ¿qué mide con precisión el test de CI? Pues según Laci Green, presentadora de DNews, “lo que sí medía el test de CI era lo bien que les podía ir a los occidentales en las escuelas occidentales”.

Aunque el test de CI puede dar una indicación de la inteligencia general, no puede medir toda la complejidad del proceso de pensamiento humano. La creatividad, la sensibilidad emocional, la comprensión social y diversas habilidades adquiridas, como la música o el arte, quedan excluidas de las mediciones de inteligencia de los tests. Si quiere hacerse una idea de su coeficiente intelectual, haga este test, pero recuerde que, sea cual sea su puntuación, no define necesariamente lo inteligente que es en realidad.

Quizá de niño pensabas que lo único que necesitabas para impresionar a las mujeres era ser un quarterback estrella o tocar la guitarra en la banda. Puede que de joven creyeras que para conquistar a las mujeres necesitabas un coche de lujo o un despacho en la esquina. Ahora que has crecid o-esperemos – te das cuenta de que a las mujeres que quieres atraer no les impresionan los músculos abultados, las letras tras tu nombre, lo que posees o cuánto dinero ganas, sino la calidad de tu persona. A una mujer distinguida no le importan únicamente tus logros, sino que observa detenidamente cómo te desenvuelves en el mundo. Teniendo esto en cuenta, aquí tienes 15 consejos para convertirte en un ser humano más completo e impresionar a todos, hombres y mujeres por igual.

Racismo, sexismo, misoginia, homofobia, xenofobia, interseccionalidad: todas las palabras de moda giran en torno a los derechos humanos básicos y la lucha por extenderlos a los grupos marginados. Edúcate, amplía tu perspectiva y demostrarás una profunda comprensión del mundo actual y de tu lugar en él.

Mark Twain es famoso por haber señalado el valor de los derechos humanos.

Incluso las palabras más bonitas suenan huecas si no las respaldas con hechos. Demuestra que te importan vidas que no afectan a la tuya dedicando tiempo y atención (y dinero) a causas que te importan de verdad.

En una época en la que todo el mundo compite por llamar la atención, sé la persona que escucha pacientemente lo que los demás tienen que decir. No interrumpas ni hables por encima de los demás: La conversación es algo más que esperar tu turno para hablar.

Mientras escuchas, recuerda: no es tu trabajo juzgar, ni tu lugar opinar (a menos que te lo pidan), ni tu responsabilidad arreglar las cosas. La capacidad de ofrecer un espacio seguro para la vulnerabilidad es un camino hacia la verdadera intimidad.

Quinientos años después de su muerte, Cyrano de Bergerac sigue siendo famoso por haber conquistado el amor de la bella Roxanne, no por su formidable destreza con la espada o su innegable valentía, sino por su encantador juego de palabras y su afilada réplica. Recuerda: La conversación es un juego previo. Las palabras siempre llegarán donde las manos no pueden llegar.

Olvídate de los mensajes de texto, el sexting y el correo electrónico. Compra papel de carta. Consigue una pluma estilográfica. Redacta una carta digna de guardarse bajo la almohada en tu ausencia. Rocíala con una pizca de colonia (si la llevas). Séllala y envíala por correo. Cuando tu amante descubra tu misiva entre las renovaciones de suscripciones y las facturas, habrás creado un recuerdo imborrable.

Todo lo que necesitas saber sobre un hombre, puedes descubrirlo en los libros que lee y la música que escucha. Se le juzgará por su biblioteca, física y digital. Lee y escucha a los clásicos, mantente al día de lo que es actual y merece la pena, y añadirás amplitud y profundidad a tu personalidad.

Puede que algunos cuestionen el valor de la caballerosidad en esta era moderna, pero los modales básicos no tienen sustituto. Abre puertas. Retira las sillas. Ponte de pie cuando una dama se levante de la mesa. Camina por el exterior de la calle, y nunca tendrás que decirle a nadie que eres un caballero.

Los chistes de pedos son para Nickelodeon. La vida es un reto, y pocas cosas demuestran más tu capacidad para enfrentarte a la adversidad que una ocurrencia y una sonrisa desafiante. Una mujer que se ríe en tu presencia te está diciendo que está a gusto. Recuerda las palabras de Jessica Rabbit, la bomba de los dibujos animados, sobre su marido Roger: “Me hace reír”.

Hace cien años, el pináculo de la hombría era la imagen de Teddy Roosevelt de safari, posando triunfante sobre su última presa. Afortunadamente, esta versión de la masculinidad tóxica ha desaparecido (en gran medida). Los animales son grandes jueces del carácter: Ninguna mujer confiará en ti si su perro no lo hace.

Seas o no padre, pocas cosas calibran tu carácter con más precisión que tu capacidad para interactuar con los niños. Ya sea jugando (adecuadamente), observando una partida de Minecraft, participando en una merienda o leyendo un cuento antes de dormir, trata a los más pequeños con la misma humanidad que a tus compañeros y demostrarás tu capacidad para conectar con tu propio niño interior.

Ignora el hecho de que todas las mujeres que conoces tienen a alguien en su vida que ha pasado tiempo trabajando en un sector relacionado con los servicios. La gente trabajadora

Los mayores seductores de todos los tiempos fueron poderosos carismáticos. Por desgracia, el carisma no requiere una brújula moral. Sin cualidades como la honestidad, la lealtad, la integridad y la modestia, el carisma puede ser desastroso. La capacidad de identificar estas cualidades y su proporción relativa entre sí es clave, no sólo en la seducción, sino para asegurar relaciones sanas, estables y sostenibles.

Las primeras impresiones son importantes, y suelen contener una dosis saludable tanto de exactitud como de percepción errónea. Pero, ¿saben las personas cuándo sus primeras impresiones son correctas? Lo hacen razonablemente bien, según un estudio de la revista Social Psychological and Personality Science (publicada por SAGE).

Los investigadores hicieron que dos grupos distintos de más de 100 personas se reunieran en una sesión de “familiarización” muy parecida a las citas rápidas, hasta que las personas hubieran hablado con todas las demás del grupo durante tres minutos cada una. Al final de cada charla de tres minutos, valoraron la personalidad de cada uno y calificaron hasta qué punto pensaban que sus impresiones “coincidirían con las de alguien que conoce muy bien a esta persona”. Para establecer cómo era “realmente” la persona, los investigadores hicieron que la gente rellenara sus propios informes de personalidad, que se reforzaron con valoraciones de personalidad procedentes de amigos o padres.

Hay muchos estudios que demuestran que las impresiones pueden ser precisas en interacciones breves, y los participantes hicieron un trabajo razonablemente bueno a la hora de percibir la personalidad del otro. Y cuanto más precisos se sentían, más se acercaban sus valoraciones a las de los amigos y los padres (aunque esta correlación no era perfecta). Los participantes también hallaron la mayor precisión en las personas que se calificaban a sí mismas como moderadamente precisas: cuando las personas estaban muy seguras de su juicio, la precisión no era mayor que para los niveles moderados de confianza.

El equipo de investigación, dirigido por Jeremy Biesanz, de la Universidad de Columbia Británica, señaló que hay dos formas de acertar sobre la personalidad de las personas. Podemos saber en qué se diferencian unas personas de otras, pero un buen juez de personas sabe que las personas son en su mayoría parecidas; por ejemplo, casi todo el mundo preferiría ser amable a ser pendenciero. Cuantas más personas calificaban la personalidad de su pareja de una forma típica de la mayoría de la gente, más acertada les parecía su percepción. Y como la mayoría de la gente es como la mayoría de la gente, estaban siendo precisos.

“Muchas decisiones importantes se toman tras encuentros muy breves: qué candidato contratar, con qué persona salir, qué estudiante aceptar”, escriben los autores. “Aunque nuestras primeras impresiones suelen ser precisas, es fundamental que reconozcamos cuándo pueden ser deficientes”.

Estoy intentando averiguar si hay una forma mejor de comprobar si la cadena tiene caracteres especiales. En mi caso, todo lo que no sea alfanumérico y un ‘_’ se considera un carácter especial. Actualmente, tengo una cadena que contiene caracteres especiales como std::string = “[email protected]#$%^&”. Entonces utilizo el algoritmo std::find_first_of ()

O prueba a potenciar las expresiones regulares:

Lo primero que debe considerar es “¿es sólo ASCII? Si la respuesta es afirmativa, le animo a que considere realmente si debe o no permitir sólo ASCII. Actualmente trabajo para una empresa que está teniendo verdaderos quebraderos de cabeza a la hora de introducirse en mercados extranjeros porque no pensamos en admitir unicode desde el principio.

Dicho esto, ASCII hace que sea muy fácil de comprobar para los números no alfa. Echa un vistazo a la tabla ascii.

Iterar a través de cada carácter

Compruebe si el carácter es el valor decimal 48 – 57, 65 – 90, 97 – 122, o 95 (guión bajo)

No hay forma usando C o C++ estándar de hacer eso usando rangos de caracteres, tienes que listar todos los caracteres. Para cadenas en C, puede utilizar strspn(3) y strcspn(3) para encontrar el primer carácter de una cadena que pertenezca o no a un determinado conjunto de caracteres. Por ejemplo:

Para cadenas C++, puede utilizar de forma equivalente las funciones miembro find_first_of y find_first_not_of.

Otra opción es utilizar isalnum(3) y funciones relacionadas de la para comprobar si un carácter dado es alfanumérico o no; tenga en cuenta que estas funciones dependen de la localización, por lo que su comportamiento puede cambiar (y cambia) en otras localizaciones. Si no desea ese comportamiento, no las utilice. Si decide usarlas, también tendrá que comprobar los guiones bajos por separado, ya que no hay ninguna función que compruebe “alfabético, numérico o guión bajo”, y también tendrá que codificar su propio bucle para buscar la cadena (o usar std::find con un objeto de función apropiado).

  • Creo que yo haría el trabajo un poco diferente, tratando la cadena std::string como una colección, y usando un algoritmo. Usando una lambda C++0x, sería algo como esto:
  • Al menos cuando se trata de char (no wchar_t ), isalnum usará normalmente una tabla de búsqueda, por lo que normalmente será (bastante) más rápido que cualquier cosa basada en find_first_of (que normalmente usará una búsqueda lineal en su lugar). Es decir, esto es O(N) (N=str. size()), mientras que algo basado en find_first_of será O(N*M), (N=str. size(), M=pattern. size()).

Si quieres hacer el trabajo con C puro, puedes usar scanf con una conversión scanset que es teóricamente no portable, pero soportada por esencialmente todos los compiladores recientes/populares:

La idea básica aquí es bastante simple: el scanset se salta todos los caracteres consecutivos no especiales (pero no asigna el resultado a nada, debido al * ), entonces intentamos leer un carácter más. Si tiene éxito, significa que había al menos un carácter que no se saltó, por lo que debemos tener al menos un carácter especial. Si falla, significa que la conversión scanset coincidió con toda la cadena, por lo que todos los caracteres eran “no especiales”.

Oficialmente, el estándar C dice que intentar poner un rango en una conversión scanset como esta no es portable (un ‘-‘ en cualquier lugar que no sea el principio o el final del scanset da un comportamiento definido por la implementación). Incluso ha habido algunos compiladores (de Borland) que fallaban por esto – trataban la A-Z como si coincidiera exactamente con tres caracteres posibles, ‘A’, ‘-‘ y ‘Z’. La mayoría de los compiladores actuales (o, para ser más exactos, las implementaciones de bibliotecas estándar) adoptan el enfoque que esto supone: “A-Z” coincide con cualquier carácter en mayúsculas.

Investigadores de Stanford han descubierto que los ordenadores pueden juzgar los rasgos de la personalidad con más precisión que los propios amigos y colegas. De hecho, según Michal Kosinski, investigador postdoctoral de Stanford, la inteligencia artificial puede hacer inferencias sobre una persona con tanta precisión como su cónyuge.

Por Clifton B. Parker

Una nueva investigación demuestra que el análisis de datos realizado por un ordenador puede juzgar mejor los rasgos psicológicos de una persona que sus familiares y amigos.

Los ordenadores pueden juzgar los rasgos de la personalidad con mucha más precisión de lo que se creía, según una investigación recién publicada.

De hecho, podrían hacerlo mejor que los propios amigos y compañeros. El estudio, publicado el 12 de enero y realizado conjuntamente por investigadores de la Universidad de Stanford y la Universidad de Cambridge, compara la capacidad de los ordenadores y las personas para emitir juicios precisos sobre nuestra personalidad. Los juicios de las personas se basaban en su familiaridad con el individuo juzgado, mientras que el ordenador utilizaba señales digitales: los “me gusta” de Facebook.

Los investigadores fueron Michal Kosinski, coautor principal y becario posdoctoral del Departamento de Informática de Stanford; Wu Youyou, coautor principal y estudiante de doctorado de la Universidad de Cambridge; y David Stillwell, investigador de la Universidad de Cambridge.

Según Kosinski, los resultados revelan que, extrayendo los “me gusta” de una persona en Facebook, un ordenador fue capaz de predecir su personalidad con más exactitud que la mayoría de sus amigos y familiares. Sólo el cónyuge se acercó a los resultados del ordenador.

Las predicciones del ordenador se basaban en los artículos, vídeos, artistas y otros elementos que habían gustado a la persona en Facebook. La idea era ver hasta qué punto una predicción informática podía coincidir con las puntuaciones del sujeto en las cinco dimensiones básicas de la personalidad: apertura, conciencia, extraversión, amabilidad y neuroticismo.

Los investigadores señalaron: “Se trata de una demostración rotunda de la capacidad de descubrir los rasgos psicológicos de una persona mediante un análisis de datos, sin necesidad de interacción persona a persona. Demuestra que las máquinas pueden llegar a conocernos mejor de lo que pensábamos, un paso crucial en las interacciones entre personas y ordenadores”.

Kosinski, científico social computacional, señaló que “los hallazgos también sugieren que, en el futuro, los ordenadores podrían ser capaces de inferir nuestros rasgos psicológicos y reaccionar en consecuencia, dando lugar a la aparición de máquinas emocionalmente inteligentes y socialmente hábiles”.

“En este contexto”, añadió, “las interacciones entre humanos y ordenadores representadas en películas de ciencia ficción como Her no parecen estar fuera de nuestro alcance”.

Dijo que la investigación avanza el trabajo previo de la Universidad de Cambridge en 2013 que mostró que una variedad de características psicológicas y demográficas podrían ser “predichas con sorprendente precisión” a través de los gustos de Facebook.

Metodología del estudio

En el nuevo estudio, los investigadores recopilaron autoevaluaciones de personalidad de 86.220 voluntarios mediante un cuestionario estándar de personalidad de 100 preguntas. Los jueces humanos, incluidos los amigos de Facebook y los miembros de la familia, expresaron su juicio sobre la personalidad de un sujeto mediante un cuestionario de 10 preguntas. Se obtuvieron juicios informáticos de la personalidad de los participantes, basados en sus gustos en Facebook.

Los resultados mostraron que un ordenador

Kosinski afirma que los ordenadores tienen un par de ventajas clave sobre los seres humanos en el ámbito del análisis de la personalidad. Ante todo, pueden retener y acceder a grandes cantidades de información, y analizar todos estos datos mediante algoritmos.

Esto proporciona la precisión que la mente humana tiene dificultades para lograr debido a la tendencia humana a dar demasiada importancia a uno o dos ejemplos o a caer en formas de pensar no racionales, escribieron los investigadores.

No obstante, los autores admiten que la detección de algunos rasgos de la personalidad podría dejarse mejor en manos de los seres humanos, como “aquellos (rasgos) sin huellas digitales y los que dependen de una cognición sutil”.

Huellas digitales

Wu, coautor principal del estudio, explica que el argumento de una película como Her (estrenada en 2013) se vuelve cada vez más realista. El filme involucra a un hombre que entabla una relación con un avanzado sistema operativo informático que promete ser una entidad intuitiva por derecho propio.

“La capacidad de evaluar con precisión rasgos y estados psicológicos, utilizando huellas digitales de comportamiento, ocupa un hito importante en el camino hacia interacciones más sociales entre humanos y ordenadores”, afirma Wu.

Según los investigadores, estas decisiones basadas en datos podrían mejorar la vida de las personas. Por ejemplo, las empresas podrían adaptar mejor sus productos y servicios a la personalidad de los consumidores.

“La capacidad de juzgar la personalidad es un componente esencial de la vida social, desde las decisiones cotidianas hasta los planes a largo plazo, como decidir con quién casarse, en quién confiar, a quién contratar o a quién elegir como presidente”, afirma Stillwell.

Preocupación por la distopía

Los investigadores reconocen que este tipo de investigación puede suscitar inquietudes sobre la privacidad en relación con la extracción de datos en línea y el seguimiento de las actividades de los usuarios.

“Un futuro en el que nuestros hábitos sean un libro abierto puede parecer distópico para quienes se preocupan por la privacidad”, escribieron.

Kosinski declaró: “Esperamos que los consumidores, los desarrolladores de tecnología y los responsables políticos afronten estos retos apoyando leyes y tecnologías que protejan la privacidad, y dando a los usuarios pleno control sobre sus huellas digitales”.

En julio, Kosinski comenzará un nuevo nombramiento como profesor adjunto en la Stanford Graduate School of Business.

Contacto

Michal Kosinski, Stanford Computer Science: (650) 739-5679, [email protected].

Clifton B. Parker, Servicio de Noticias de Stanford: (650) 725-0224, [email protected].

Dan Stober, Servicio de Noticias de Stanford: (650) 721-6965, [email protected].

Explicar nuestro sentido de quién es fiable con el poder de las expectativas

Por Michael Slepian el 8 de agosto de 2017

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Tendemos a confiar en la gente que nos rodea. Confiamos nuestras vidas a taxistas y médicos, confiamos en los chefs que manipulan nuestra comida y confiamos en extraños que vigilan nuestras pertenencias mientras nos alejamos. Pero la confianza no es como los caramelos de Halloween, no se la damos a cualquiera que llame a nuestra puerta. Hace tiempo que los psicólogos se interesan por saber qué lleva a la gente a confiar en los demás.

Un artículo reciente sugiere que no es fácil detectar con precisión la fiabilidad de otra persona sólo a partir de su cara, pero algunas cosas pueden ayudar. Podemos juzgar con más precisión la fiabilidad de una persona si tenemos la oportunidad de interactuar con ella o, al menos, si la vemos en vídeo. Según algunas investigaciones, incluso observando fotografías de rostros, los juicios de fiabilidad pueden tener un atisbo de precisión, pero otras investigaciones ponen en duda esta idea.

En la Columbia Business School, mi colega y yo nos quedamos prendados de esta cuestión, pero sentíamos que faltaba algo. Muchos estudios se habían preguntado si la gente puede detectar con precisión la fiabilidad a partir de la cara, pero ni uno solo se había preguntado qué pensaba la persona de la cara sobre todo esto.

Nos preguntamos si las personas que parecen dignas de confianza son conscientes de que los demás esperan que lo sean por su aspecto. En esencia, dimos la vuelta a la pregunta y la pusimos frente a un espejo, preguntando: ¿Piensa la persona con un aspecto digno o indigno de confianza que los demás confiarán en ella o desconfiarán de ella? Si así fuera, podría explicarse por qué la gente a veces puede juzgar con precisión la fiabilidad de otra persona a partir de su rostro. Así que pusimos a prueba esta nueva idea.

En un artículo reciente, pedimos a la gente que participara en un nuevo juego económico que habíamos desarrollado. En la mayoría de los juegos económicos, para confiar en otro jugador hay que cooperar con él. Por ejemplo, en un juego económico clásico, un jugador recibe dinero, que puede enviar a otro jugador, y lo que se envía triplica su valor. Cooperar y enviarles dinero implica que esperas poder confiar en que te devuelvan algo. Nuestro juego, sin embargo, tenía una característica única en la que ambos jugadores tenían que decidir si decían o no la verdad, y ambos jugadores tenían que decidir si confiaban o no en el otro jugador. Esto permite a un jugador mentir al otro, pero seguir confiando en él. En otras palabras, nuestro juego separaba la cooperación de la confianza. Después de explicar el juego a los participantes, les pedimos que adivinaran con qué frecuencia creían que otras personas confiarían en ellos en el juego. Luego jugaron 10 veces, con 10 personas distintas, y hubo premios en metálico para los ganadores.

  • Resulta que cuanto más digna de confianza parece la cara de una persona (según la valoración de otro grupo de personas), más predice la persona con esa cara que otras personas confiarán en ella. La gente tiene una idea de lo dignos de confianza que parecen. Y aquí es donde las cosas se ponen aún más interesantes. En nuestro juego, ser digno de confianza mintiendo era, con diferencia, el resultado más rentable. Y sin embargo, las mismas personas que parecen dignas de confianza no quieren explotar esa confianza para obtener beneficios económicos, por lo que son las que más dicen la verdad. La gente quiere estar a la altura de las expectativas de los demás.
  • Un estudio reciente realizado en China con rostros de niños replicó nuestros efectos y los llevó un paso más allá. Los investigadores pidieron a los participantes que juzgaran la confianza que inspiraban las caras de niños de entre 8 y 12 años, y descubrieron que cuanto mayor era la confianza de los niños, mayor era la confianza que inspiraban.

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Cuando la gente puede juzgar con exactitud la fiabilidad de otra persona, le ayuda, en parte, la persona que tiene esa cara. Esa persona sabe que parece digna de confianza (y que los demás esperan que lo sea) y no quiere defraudar a los demás. Desgraciadamente, la otra cara de la moneda es que quienes no tienen una cara de confianza, si creen que los demás no van a confiar en ellos, pueden sentirse más inclinados a faltar a la verdad. Las personas tienden a estar a la altura de lo mejor, y de lo peor, que se espera de ellas. Por eso, reconoce el poder de tus propias expectativas. Si le das a la gente una expectativa positiva que cumplir, tendrás más posibilidades de sacar lo mejor de ellos.